Los samuráis azules están completamente preparados para el combate. La candidatura japonesa para el campeonato mundial demuestra claramente este nivel de preparación. El equipo japonés ha apostado por un modelo híbrido: su plantilla está compuesta por jugadores procedentes de las cinco principales ligas europeas, mientras que los jugadores de la J1 League son los que garantizan la calidad del equipo.
Los puntos fuertes del equipo son su velocidad en los flancos, su capacidad de presión colectiva y su disciplina táctica increíble. La presencia de jugadores versátiles, capaces de adaptarse a diferentes formaciones durante el partido, les da una gran ventaja tanto en la fase de grupos como en los playoffs.
Sí, el equipo parece fuerte, pero también existen riesgos objetivos. La falta de un jugador capaz de convertirse en “asesino” en el área de defensa puede convertirse en un problema contra equipos con defensas sólidas. Además, una línea defensiva alta requiere una protección ideal. Sin embargo, la sistematicidad, la preparación física y la experiencia europea hacen de Japón uno de los equipos más difíciles de derrotar en el torneo. No se trata simplemente de un participante, sino de un equipo capaz de sorprender a cualquier equipo competidor.